¿Sabías que la mayor parte de la factura de energía que pagan los hogares corresponde al consumo de calefacción? Así lo demuestra el último estudio elaborado hasta la fecha (18 de febrero de 2019) por Eurostat  según el cual, calentar las viviendas es  lo que más energía consume en los hogares europeos.

Concretamente, según este estudio de Eurostat los sistemas de calefacción (64,7%) y agua caliente sanitaria, ACS, (14,5%) son los que más energía consumen. Le siguen iluminación y electrodomésticos (13,8%), cocina (5,4%), otros usos (1,3%) y aire acondicionado (0,3%).

 

¿Qué se puede hacer para reducir el gasto de la factura de energía?

Dado que la mayor parte de la energía que se emplea se destina a usos térmicos (calefacción y agua caliente), ¿cómo se puede mejorar la eficiencia energética de estas instalaciones?

 

  1. Acciones que permiten reducir la demanda energética

Las viviendas energéticamente poco eficientes se caracterizan por necesitar grandes volúmenes de energía para satisfacer las necesidades térmicas de sus habitantes.

La existencia de un aislamiento térmico deficiente es en muchas ocasiones responsable de gran parte de las pérdidas energéticas de los edificios.

El aislamiento térmico de las viviendas no solo afecta a la fachada, sino también a la cubierta (tejado) y a la carpintería (sobre todo ventanas metálicas obsoletas que tienen una gran pérdida de energía).

Mejorar el aislamiento térmico de los edificios puede generar ahorros energéticos hasta del 50%.

En España, los edificios con un aislamiento térmico más deficiente datan de las décadas de los sesenta y setenta, época en la que se produjo un boom de la construcción sin que ninguna normativa regulase cómo debía acometerse el aislamiento.

Pero reducir la demanda de energía para evitar que esta se desperdicie no solo consiste en mejorar la envolvente térmica del edificio, sino que también debe complementarse con la adopción de otras medidas, como  por ejemplo la individualización (en instalaciones de calefacción central) o la inclusión de sistemas de control que permitan ajustar el sistema de calefacción a las necesidades térmicas reales del inmueble.

 

  1. Aplicar medidas de ahorro y eficiencia (MAEs)

En ocasiones es imprescindible acometer la reforma de instalaciones térmicas para mejorar la eficiencia de las mismas.

En el caso de calderas comunitarias basadas en combustibles fósiles como carbón o gasoil, se recomienda la instalación de calderas de gas natural y tecnología de condensación.

Esta tecnología de condensación también está disponible para las calderas individuales.

Además, la incorporación de sistemas de regulación y control, telegestión,  etc. permiten monitorizar el funcionamiento del sistema de calefacción y de alertar ante cualquier desperdicio energético.

 

  1. Confiar en un buen gestor energético

Precisamente, uno de los puntos a mejorar en el sector residencial es que los usuarios de las instalaciones puedan estar informados de si las instalaciones, aunque funcionen, están consumiendo más energía de la necesaria.

Así, por ejemplo, en instalaciones de calefacción central con un mantenimiento tradicional, cuando una instalación no funciona de manera eficiente, mientras se mantenga el servicio, raramente se es consciente de que se gasta más energía de la necesaria, si es que se produce una ineficiencia.

Por eso, existe la necesidad de que alguien se responsabilice del ahorro energético y asuma los costes de la ineficiencia. De eso se ocupan las empresas de servicios energéticos (ESEs) como Remica, que asumen el riesgo de ineficiencia o rendimiento.

 

  1. Negociar el mejor precio del combustible

A estas medidas deberemos añadir un contrato de suministro de energía, que se adapte a las necesidades de los usuarios, al menor coste posible.

En el caso de los consumidores individuales, estos pueden cambiar de comercializadora para elegir el servicio o la tarifa que mejor le compensa. Antes de cambiarse u aceptar una nueva oferta, conviene comprobar si esta implica un compromiso de permanencia que el consumidor debe respetar.

En el caso de las comunidades de propietarios, es recomendable seguir ciertas pautas que, si bien no pueden asegurar que obtengan el mejor precio (debido a la volatilidad de los mercados), pueden ayudar a acercarse a ese objetivo:

  • Unificar vencimientos de varias fincas para negociar un volumen de compra superior.
  • Negociar en aquellos meses en los que la demanda energética es menor y, por tanto, se aprecia una caída de precios.
  • Aprovechar determinados índices de precios para negociar contratos a medio plazo, (por ejemplo, 3 años).
  • Cerrar los contratos a un precio fijo para protegernos de las fluctuaciones del mercado.

Las comunidades de propietarios también deberían valorar si, además del suministro de energía comunitario, podrían agrupar en la negociación los suministros de gas y electricidad de cada uno de los vecinos, de tal manera que se beneficien de un mayor volumen de compra.

 

¿Quieres información para mejorar la eficiencia energética de tu instalación? ¡Contacta con los profesionales de Remica! Tel.: 91 396 03 03 / email: comercial@remica.es